"Epigrafista" es la persona aficionada o versada en epigrafía (y la epigrafía es la ciencia que estudia los textos escritos sobre materiales duros - piedra, metal).

La epigrafía nos pone en contacto con las ideas de nuestros antepasados sin intermediarios, sin manipulaciones. Los textos en papel, (que los estudia la paleografía), en cambio, de tanto copiarse suelen contaminarse con aportaciones de sus respectivos copistas.



Bienvenidos a mi mundo, al mundo de EL EPIGRAFISTA.

sábado, 31 de agosto de 2013

La defensa de Alemania



Suele considerarse que el territorio de la actual Alemania quedaba fuera del Imperio romano. Nada más lejos de la verdad: cierto que sólo algunas regiones del oeste y del sur estuvieron en manos de Roma, pero durante más de 500 años fueron tan romanas como cualquier otra ciudad del Imperio.

Estas regiones eran las situadas a la izquierda del río Rin, que es de sobra conocido que servía de frontera con los pueblos germánicos bárbaros. 

Todos los pueblos del Imperio contribuyeron a mantener estas regiones dentro del ámbito romano.Un buen ejemplo es la hermosa estela funeraria que abre esta entrada. En ella se observa el retrato de un joven soldado hispanorromano, bajo cuya figura aparece esta inscripción:

PINTAIUS PEDILICII F(ilius), ASTUR TRANSMONTANUS CASTELLUM INTERCATIA. SIGNIFER C(o)HO(rtis) V ASTURUM. ANNO(rum) XXX. STIP(endiorum) VII. H(eredes) EX T(estamento) F(aciendum) C(uraverunt).

Lo más alucinante es que esta estela se ha encontrado en...¡Bonn, la capital de la República Federal de Alemania hasta 1.990, la ciudad en la que nació el genio alemán de la música Beethoven! 

Bonn parece ser un nombre de origen celta (Bonna=ciudad), ciudad situada a la izquierda del Rin y que los romanos pusieron el nombre de Castra Bonnensia.Al ser una ciudad de frontera, diversas legiones romanas la defendieron.

El original, de piedra caliza, se conserva en Alemania, pero yo fotografié este verano esta réplica en...el Museo Arqueológico de Asturias, en Oviedo, a más de 1.500 kilómetros de Bonn...

¿Qué sentido tiene todo esto? Vamos a traducir la inscripción de la estela:

Pintayo, hijo de Pedilicio, astur transmontano del castellum de Intercatia, portaestandarte de la cohorte quinta de los astures. De 30 años, (siendo) 7 de servicio militar. Sus herederos se encargaron de hacerlo (el monumento funerario) de acuerdo con su testamento.

Los astures habían demostrado durante siglos una resistencia tenaz a los romanos, pero cuando finalmente en época de Augusto fueron sometidos, entonces los romanos les ofrecían la posibilidad de enrolarse en su ejército (cobrando el stipendium, la paga militar a la que alude la lápida). Por esta razón, muchos astures actuaban como limitanei, es decir, soldados de frontera, en estas regiones que ahora hablan alemán, formando secciones enteras de astures (por ejemplo, nuestro protagonista, el astur Pintayo, pertenecía a una cohorte formada sólo por astures, y una cohorte era una unidad cuyo número según las épocas osciló entre 420 y 600 soldados, un número considerable).

Con esta explicación espero dejar clara la idea de que entonces, bajo los romanos, Europa era una unidad política real: un asturiano luchaba en Alemania como si lo estuviera haciendo por su propio pueblo...

(Por cierto, desconocemos dónde estaba exactamente la ciudad de origen de este soldado, Intercatia, porque en Hispania había varias ciudades con este nombre. La palabra castellum sólo denota que debía tratarse no de una ciudad, sino más bien de una pedanía perteneciente a otra ciudad mayor; tampoco ayuda mucho saber que era un astur transmontano, pues con esta expresión los romanos se referían a cualquier hispanorromano que viviera en una amplia zona que abarcaba desde el oeste del actual Principado de Asturias hasta la región portuguesa de Trás-os- Montes. Pero ya vemos cómo sus herederos, siguiendo las disposiciones del testamento, marcharon desde Hispania hasta Alemania para enterrar debidamente a su paisano, muerto con sólo 30 años - aunque entonces ésa era más o menos la esperanza de vida media en el Imperio romano- dejando muy clara su procedencia astur).

Ahora que estoy terminando de leer la trilogía sobre Atila del escritor William Napier, he querido hacer un recuerdo de cómo eran los soldados que vigilaban esa difícil frontera que siglos más tarde arrasarán los hunos acompañados de diversos pueblos bárbaros.

martes, 30 de julio de 2013

60 millones de romanos






En vacaciones estoy aprovechando para leer muchos libros. Ahora mismo estoy leyendo un curioso ensayo titulado Sesenta millones de romanos, de Jerry Toner. En él se muestra una tesis muy interesante: la población del Imperio romano, como la de cualquier estado, fue variable, pero por los datos de los censos que tenemos la media del número de habitantes debía de rondar unos 60 millones (aunque en algunos momentos debió aproximarse a los 100 millones). Puede parecer poco, pero hace 2000 años el mundo debía de tener una población de unos 500 millones de habitantes, por lo que una quinta parte de la población mundial vivía dentro del Imperio romano.

Pero la reflexión de Jerry Toner es que la imagen que tenemos de la sociedad romana es una imagen que se limita mucho al papel de las élites, principalmente los nobles (patricios, senadores, caballeros,...), cuya cifra debía estar en torno a las 250.000 personas, y el ejército, formado por aproximadamente medio millón de soldados. Es decir, que estas élites apenas llegarían al millón de habitantes, en un imperio en que vivían unos 60  millones de seres humanos, por lo que vendrían a representar algo menos del 2% de la población total.

El resto, es decir el 98% eran las no élites, de las que casi nada se dice en los libros de texto de historia, pero que sin embargo eran el verdadero motor de la sociedad romana: plebeyos, peregrinos, libertos, esclavos,...sin ellos Roma no habría sido lo que fue.

Hoy me mueve el sentimiento de querer hacer mi pequeño homenaje a esas no élites, y por eso he seleccionado esta estela funeraria. Raramente aparece en la estela funeraria el oficio del difunto, pero ésta, encontrada en Salas de los Infantes (Burgos) y que se expone actualmente en el Museo arqueológico provincial de Burgos, tiene un relieve bajo los signos astrales de la parte superior, habituales en las lápidas paganas, sobre el cartel de la inscripción, que no deja dudas sobre la profesión del difunto: era un pastor, uno de esos 60 millones de personas anónimas que generación tras generación dieron vida al Imperio romano. Se aprecia claramente el dibujo de un  hombre junto a dos vacas.

La estela, que fotografié hace unos años, tiene la siguiente inscripción:


AVSCVS BOVTIVS VIRONI F(ilius) AN(norum) XXX H(ic) S(itus) E(st)

Es de fácil traducción: "Ausco Boutio, hijo de Virono, de 30 años. Aquí descansa." 

Hoy, estimado lector, te invito a que pronuncies conmigo en voz alta el nombre de Ausco Boutio, probablemente un peregrino (hombre libre pero sin ciudadanía romana) que pasó su anónima y corta vida ocupado en sus duras tareas de pastoreo en tierras hispanas: así, según creían los romanos, le "liberaremos"  de la segunda muerte, la muerte en el olvido. Y de esta manera te invito también a que momentáneamente olvides que los romanos no sólo eran gente como Julio César, Trajano o San Agustín, sino que la inmensa mayoría tenían mucho más en común con nuestro desconocido Ausco. 

Fueron gentes como Ausco las que dieron lugar a la forma de latín en la que tú y yo ahora nos entendemos, fueron gentes como Ausco las que hicieron este mundo que tú y yo hemos heredado...

domingo, 14 de julio de 2013

"CONSERVUS": ESCLAVOS, PERO AMIGOS HASTA LA MUERTE.

Como ya anuncié en una entrada anterior, el Museu Dom Diogo de Sousa en Braga (Portugal), reúne una interesante colección de epigrafía romana, en donde destacan las estelas funerarias pertenecientes a las diversas necrópolis de la ciudad de Bracara Augusta, capital de la provincia "Gallaecia".

Entre ellas es muy original esta estela que un "conservus", es decir, un esclavo compañero de otro esclavo, dedica a su amigo. Ambos debían trabajar en una herrería al servicio del mismo señor, a juzgar por los relieves que decoran la estela: en la parte inferior aparecen un martillo, un mazo, unas varas y  en la parte superior de la estela una azada.

El texto en latín ocupa el lugar central: "Agathopodi,  T. Satri. Zethus, conservus", que se podría traducir como "A Agatópodo, (esclavo) de Tito Satrio. Zetho, esclavo compañero de él (le dedicó este monumento funerario)".

Tito Satrio, quizá un ciudadano de Bracara Augusta, debía de tener algún tipo de taller o herrería en donde trabajaron dos esclavos de origen griego (sus nombres así lo revelan). Estos dos esclavos griegos, de los cuales al menos uno, Agatópodo, murió en la ciudad en la que servía a su amo (a juzgar por los rasgos de la lápida en algún momento de los siglos I o II d.C.), debían de haber compartido tareas. Lejos de su tierra, estos dos griegos, que por alguna razón desconocida sirvieron al mismo dueño en el noroeste de Hispania, podemos pensar que fueron grandes amigos. La estela parece demasiado ostentosa para un esclavo, por lo que podríamos suponer que estamos hablando de esclavos griegos muy apreciados, quizá por ser capaces de realizar trabajos muy especializados, y al menos Zetho pudo reunir con su "peculium", especie de propina que los señores daban a sus esclavos, una cantidad de dinero importante como para costear esta lápida y dedicársela a su compañero de faenas.

(En la parte inferior de la estela el texto original -quizá "hic situs est", "aquí descansa", o alguna otra típica fórmula funeraria -casi no puede leerse, pues fue sustituido por  un texto en latín y portugués en 1757 que nos hace ver que esta estela fue reutilizada siglos más tarde, como es bastante habitual).

miércoles, 3 de julio de 2013

Iptuci: una ciudad romana en la sierra de Grazalema.

         Mis suegros son de un pueblo del sur de Sevilla que se llama Montellano. Allí mantienen una acogedora casa de dos pisos, y desde la azotea de la casa se contempla un buen panorama de la Sierra de Grazalema, ya en la provincia de Cádiz. En particular desde esa azotea se puede observar una silueta blanca que corresponde al pueblo de Prado del Rey, pueblo serrano y gaditano que visito con frecuencia. En el término municipal de Prado del Rey se conservan vestigios de la ciudad romana de Iptuci, una ciudad con más de 3.000 años de historia, ocupada ya por iberos, fenicios y cartagineses antes de que los romanos, atraídos por sus minas de sal, decidieran hacer de ella una notable ciudad, de la que se conservan algunos vestigios. Además de sus ruinas, son notables dos inscripciones romanas, ambas conservadas en Prado del Rey.
         La primera está en la misma oficina de turismo del pueblo, en cuya entrada lo primero que uno encuentra es la reproducción de una lorica segmentata, la famosa armadura articulada que usaron los romanos entre los siglos I a.C. y III d.C. (por cierto, producir esta armadura era muy caro, y los romanos dejaron de fabricar esta excelente armadura; lo cual fue un tremendo error, pues los pueblos bárbaros que rodeaban el imperio sacaron provecho de todo ello enfrentándose a unos legionarios peor armados...). 
       La fotografía que abre esta entrada es de esa armadura. Enfrente se encuentra una pieza muy interesante, una placa de bronce:



              Junto con su traducción:


                  
                   Es muy interesante la pieza, que nombra al Senatus populusque Iptuccitanorum, es decir, el senado y el pueblo de los de Iptuci (el nombre latino de la ciudad, que debe leerse con acentuación esdrújula, aparece en unas inscripciones como Iptucci y en otras con una sola "c"). Es un buen ejemplo de epigrafía jurídica que habla de un pacto de amistad entre los habitantes de la referida ciudad de Iptuci con otra ciudad romana (Colonia Ucubi Iulia, situada en la actual provincia de Córdoba) que ambas ciudades rubricaron con esta placa por la época de la muerte de Cristo.

                       En la misma oficina de turismo se exponen otras piezas halladas en los alrededores de Iptuci, que pude fotografiar bien gracias a la gentileza de la empleada de la oficina que me abrió las vitrinas para evitar que las fotos salieran con el reflejo de los cristales. Por ejemplo, esta falcata ibérica en muy buen estado de conservación:



                 La segunda inscripción está ubicada en un lugar mucho más original; se trata de un cipo funerario empotrado en la fachada de la  Iglesia mayor del pueblo:



´                     Aunque en las dos primeras líneas del texto de la lápida faltan algunas letras que dificultan la lectura, la interpretación general de este monumento funerario se aproximaría mucho a esta traducción:

                      "Fabia Fabiana, hija de Cayo, dispuso en su testamento que en lugar público se le erigiese una estatua. Así lo ha cumplido su hermano Fabio Montano, su heredero,  y ha dedicado la estatua en el lugar que le fue otorgado por el esplendidísimo ayuntamiento de Iptuci".

                     De la estatua que quizá coronaba este cipo que Fabio Montano dedicó a su hermana Fabia no queda nada. Es interesante la referencia que al final del texto se hace al ordo iptucitanorum, que sería algo así como el actual ayuntamiento de la ciudad de Iptuci. También la inscripción sugiere que la tal Fabia debió de ser una mujer importante y adinerada, para mandar que se le erigiese una estatua en algún lugar público de la ciudad y que el ayuntamiento considerase que dada su importancia o su poder económico tenía que dedicar un espacio público al monumento funerario que ella dispuso en su testamento.
               
                  Esto vuelve a sugerir, una vez más, que la situación  real de la mujer en la sociedad romana era muy diferente del nulo papel que tenía en las instituciones políticas: es decir, de iure las mujeres estaban sujetas a las decisiones de los varones, pero de facto gozaban de una amplia libertad de movimiento que les permitía, por ejemplo, disponer de bienes propios e importantes, y su influencia en la vida diaria de las calles de las ciudades romanas era mucho mayor de lo que imaginamos, a pesar de que los varones romanos no contasen con ellas para la política y para el ejército.

                   En Iptuci se emitieron también monedas romanas. En definitiva, debió de ser una ciudad romana notable a juzgar por estos testimonios y por sus restos arqueológicos. La ciudad siguió viva después de los romanos: los árabes construyeron una fortaleza que está frente al actual pueblo de Prado del Rey para defenderla de los cristianos. De esta fortaleza se conserva la torre del homenaje del castillo árabe que la coronaba, aunque en bastante mal estado:




                      Los lugareños la llaman la Torre Pajarete (al parecer el nombre guarda relación con un tipo de vino que se producía en estas tierras). Con el zoom de la cámara hice un plano en el que se ve su actual estado de abandono, con ganado pastando alrededor...




                     La historia de la ciudad de Iptuci no duró mucho después de ser tomada por los cristianos hacia el siglo XIII. Parece que la ciudad fue abandonada definitivamente a finales del siglo XV, y desde entonces sus muros y piedras han sido reutilizados, como es habitual, para construir nuevos edificios en los pueblos de los alrededores. 

                        (Dedico esta entrada a mi suegro, Gervasio Zamora Díaz, "montellanero" afincado en Madrid, que se encuentra mientras escribo hospitalizado, recuperándose de un "ictus").



domingo, 31 de marzo de 2013

La datación del Acueducto romano de Segovia.


La epigrafía está demostrando ser el instrumento que quizá pueda revelarnos el misterio de la datación del célebre Acueducto romano de Segovia, junto a cuyos últimos arcos este modesto epigrafista se crio.

En 1992, el famoso epigrafista Alföldy, de origen húngaro pero de formación alemana, hizo pública su lectura de la inscripción que debía de figurar en el propio Acueducto en la zona central de la arquería principal , de la que se podía deducir que el Acueducto debió de iniciarse en época de los flavios y que la obra fue rematada en época de Trajano (en todo caso, la construcción se iniciaría a finales del siglo I d.C.). 

-Imagen de Alföldy (1935-2011)-


Pero en 1998 el arqueólogo español Germán Prieto publicó el resultado de la última intervención arqueológica hecha hasta el día de hoy en el edificio: una serie de catas realizadas alrededor de las bases de los últimos arcos del Acueducto. En una de estas catas, en una zona en la que nadie había trabajado previamente y que correspondía a la época en la que se construye la cimentación del Acueducto, apareció una moneda que puede tener un valor incalculable para la datación definitiva del monumento: se trata de un sestercio de Trajano, similar al de la fotografía que abre esta entrada.

El sestercio presenta en el anverso el rostro de Trajano mirando a la derecha con la inscripción IMP. CAES.NERV.TRAIANO.AVG.GER. DAC.P.M.TR.P.COS.VI.P.P. La traducción sería: "Al Emperador César Nerva Trajano Augusto, Germánico, Dácico, Pontífice Máximo, con potestad tribunicia, en su sexto consulado, Padre de la Patria". El reverso, mucho más deteriorado en la moneda hallada junto al Acueducto que en la que reproduzco arriba, presenta la imagen de una mujer sedente, problemente una representación de la diosa de la Paz.

El sexto (y último) consulado de Trajano tuvo lugar entre los años 112 y 116 d.C.

Por tanto, si suponemos que alguien (¿un obrero?) perdió esa moneda cuando el edificio se estaba terminando de construir, parece que se confirma la tesis de que el edificio debió de inaugurarse en torno al año 115 d.C., al final del mandato de Trajano (que muere en 117 d.C.). Si tenemos en cuenta que según los tratados romanos que tenemos de arquitectura una obra de estas características tardaba al menos unos 25 años en construirse, eso reforzaría la tesis de que el edificio fue un proyecto concebido en época de algún emperador flavio, quizá del mismo Vespasiano o de alguno de sus sucesores.

Gracias a la epigrafía podemos decir que en gran parte el enigma de la datación del Acueducto romano de Segovia está resuelto: ya nadie puede dudar de que fue construido principalmente durante los últimos años del siglo I d.C. y terminado en ese mismo siglo o muy a principios del siglo II d.C., con lo que el momento en el que se inauguró seguramente sería en el mandato del emperador Trajano (98d.C.-117d.C).

También hay que añadir a los argumentos epigráficos  la comparación estética con uno de los acueductos de la misma ciudad de Roma, en concreto el Aqua Claudia, terminado en el año 51 d.C. bajo el mandato del emperador Claudio. Es el acueducto romano al que más se parece el de Segovia, si bien el Aqua Claudia es de construcción algo más tosca que el de Segovia y sólo tiene una arquería. No es difícil suponer que los que construyeron el de Segovia se inspiraron en la construcción del Aqua Claudia de la capital, Roma, pero mejorando el modelo, por lo que eso favorece la tesis de que el acueducto de Segovia debió construirse principalmente en el último cuarto del siglo I d.C., y terminarse quizá en alguno de los primeros años del siglo II d.C. Os pongo una fotografía del Aqua Claudia en donde se observan sillares labrados de manera parecida a los del acueducto de Segovia:


-Vista del Aqua Claudia de Roma-

El otro gran enigma, sin embargo, sigue en pie: ¿por qué construyeron los romanos esta impresionante obra de ingeniería hidráulica para una ciudad, Segovia, que en el mejor de los casos tendría unos 5.000 habitantes? Tal vez la epigrafía en el futuro también nos ayude a responder a esta misteriosa cuestión.

-Entrada dedicada a mis alumnos de Cultura Clásica de 3º de ESO, que recorrieron conmigo a pie el último kilómetro del Acueducto el 20 de marzo de 2013-

jueves, 14 de marzo de 2013

BRACARA AUGUSTA

Cuando el emperador Diocleciano reorganizó a finales del siglo IV d.C. las provincias del Imperio Romano, dividió la Península Ibérica en cinco provincias: Tarraconensis (con la capital en Tarraco, actual Tarragona), Carthaginiensis (con la capital en Carghago Nova, actual Cartagena), Baetica (con la capital en Corduba, actual Córdoba), Lusitania (con la capital en Emerita Augusta, actual Mérida) y Gallaecia (con la capital en Bracara Augusta, actual Braga, en Portugal).

Hace unos años visité esta última ciudad, de la que quedan pocos vestigios romanos: principalmente unas termas públicas situadas al norte de la ciudad (os pongo un par de fotografías para que veáis que no eran muy grandes, y responden al módelo típico de termas romanas):


Pero quizá la ciudad merezca una visita porque en ella se encuentra un interesante museo que reúne un buen número de monumentos funerarios encontrados en lo que debieron ser algunas de las necrópolis de esta ciudad y de sus alrededores: es el Museu Dom Diogo de Sousa.

Las fotografías que hice en mi visita (desgraciadamente...) las he extraviado, pero de la página web del museo he obtenido algunas que me permitirán comentaros las interesantes inscripciones hispanas (sí, porque aunque hoy estén en el vecino Portugal entonces todos los habitantes de la Península eran hispanos) que allí pude ver. Como avance, os pongo dos fotografías que muestran varios monumentos funerarios que se exponen en el Museo:


Ya os iré comentando las más notables en próximas entradas del blog.




lunes, 21 de enero de 2013

AL CÉSAR, LO QUE ES DEL CÉSAR.








         Hace poco adquirí en una tienda de numismática de las que están en torno a la Plaza Mayor de Madrid una moneda romana que siempre me ha llamado mucho la atención. Las fotos que veis arriba, hechas por mí,  son del anverso y del reverso de esa moneda.

        La moneda es falsa: me lo advirtió con toda honradez la persona que me la vendió. Pero es una reproducción excelente del conocido denario de plata de Tiberio: me costó 18 euros, pero si fuera auténtica su precio estaría en torno a los 300 euros. La auténtica pesa unos 3,5 gramos de plata, y esta copia pesa sólo 2,8 gramos.


Esta moneda se conoce como el “denario del tributo”, (en el mundo es más conocida por su nombre en inglés, “Tribute Penny”) porque se supone que es la moneda a la que Jesucristo se refirió cuando, discutiendo con los fariseos sobre el pago de los tributos a Roma, dijo la célebre frase: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (el suceso lo refieren tres de los cuatro evangelistas: Mateo 22. 15-22,  Marcos 12. 15-17 y  Lucas 20. 20-26).

El pasaje bíblico, muy conocido, lo reproduzco a continuación en la la versión de San Mateo:
".... Entonces los Fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra. Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos a decirle “Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, por que no miras la condición de las personas. Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar el tributo al César o no?”. Jesús conociendo su malicia, dijo: “hipócritas,¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo”. Ellos le presentaron un Denario. Y les dice: “¿de quién es esta imagen y la inscripción?” Le responden: “Del César”. Entonces les dice:  “Pues lo del César devolvédselo al César y lo de Dios, a Dios.”....."

¿Por qué somos muchos los que pensamos que la moneda que le mostraron los fariseos a Jesús fue precisamente una como la que he fotografiado?  Por lo siguiente: hoy en día sabemos que Herodes había muerto en el año 4 a.C., lo que quiere decir que Jesús no pudo nacer después de esa fecha. Como sabemos que Jesús murió a los 33 años, eso quiere decir que la fecha de su muerte no puede ser posterior al año 29 d.C. El suceso del denario debió ocurrir antes de su muerte, en algún momento entre los años 26 al 28 d.C., dado que según los Evangelios la vida pública de Jesús transcurrió durante los tres últimos años de su vida.
En esos años Roma estaba gobernada por el emperador Tiberio (emperador que gobernó el Imperio Romano desde al año 14 d.C. al 37 d.C.). Hacia el año 25 d.C. la moneda básica que circulaba a lo largo y ancho del Imperio (es decir, algo así como el "euro" de la época) era este denario, del cual además sabemos que se acuñó en la ceca  (fábrica de monedas)  de  Lugdunum (actual Lyon, Francia) entre el año 16 d.C. y el 37 d.C.. Por todo ello es muy probable que el denario que Jesús tuvo en sus manos en aquel suceso fuera uno como éste.

Aprovecho para deciros que el nombre denario (relacionado con el número diez, en latín decem) viene dado porque su valor inicialmente era el de 10 ases (el as era la moneda de más escaso valor, y mientras que el denario era de plata, el as era de bronce o de latón, y podríamos decir que era algo así como el céntimo del euro), aunque desde el año 217 a.C. el valor del denario se cambió, quedando fijado desde ese año en 16 ases. Del nombre de esta moneda, el "denario", deriva nuestra palabra española “dinero”.

Volviendo al denario de Tiberio: vamos a ver qué estaba escrito en él (ahora os pongo debajo una foto que he encontrado en internet que reproduce un original bien conservado):


Anverso: TI(berius) CAESAR DIVI AUG(usti) F(ilius) AUGUSTUS  (es decir: “Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto”). La figura es una cabeza del emperador mirando hacia la derecha y coronado con laurel.

Reverso: PONTIF(ex)  MAXIM(us)  (es decir: “Pontífice Máximo”). La figura es la imagen de su madre Livia, viuda del anterior emperador Octavio Augusto, sentada hacia la derecha en una silla curul, representada como la diosa de la Paz, con un cetro y una rama de olivo. 

(Por cierto, Livia era la madre biológica de Tiberio, cuyo padre biológico en cambio era un patricio romano llamado Tiberio Claudio Nerón -no confundir con futuros emperadores que llevaron luego alguno de estos nombres-; Octavio se enamoró locamente de Livia en el año 39 a.C., a pesar de que Livia estaba casada y ya era madre de Tiberio y estaba esperando un segundo hijo- el hermano de Tiberio, Druso-; pero Octavio obligó a su anterior marido a divorciarse de ella para contraer él mismo matrimonio con Livia: años después Octavio adoptó a Tiberio como hijo suyo y terminó aceptándolo como su sucesor).



sábado, 8 de diciembre de 2012

LA "HEDERA DISTINGUENS".

  

  Una de las maneras más llamativas de separar las palabras en los textos epigráficos es el uso de lo que los romanos llamaban la hedera distinguens, es decir, el dibujo de una hoja de hiedra para distinguir las palabras. 

  Habitualmente se limitaban a separar las palabras con el sobrio signo de interpunción colocado a media altura, pero si el lapicida era más "barroco" usaba estas hojas de hiedra.

  La lectura del texto de esta estela funeraria es muy sencilla: el difunto es un tal Lucio Pompeyo Saturnino, tras cuyo nombre encontramos la primera hedera  de un tamaño bastante grande. Sin duda, un ciudadano libre, de nombre muy común.

  Observad sin embargo el descuido del lapicida, al que se le había pasado poner la primera "n" del cognomen, y que inserta a posteriori en tamaño mucho más pequeño, porque ya no tenía espacio.

   A continuación la edad: murió con 50 años exactos (la cifra viene enmarcada entre dos hojas de hiedra).

  El texto de la inscripción termina con el clásico hic situs est, separado de nuevo con otras dos hederae, es decir, "aquí yace (el difunto)", por lo que sus restos estarían junto al monumento funerario.

  Alrededor del cartel que contiene la inscripción la decoración nos confirma el barroquismo del autor, que rellena todo el espacio de la estela funeraria (horror vacui, es decir, no quiere que queden espacios sin decorar).

La inscripción la fotografié también en el Museo de Burgos.

sábado, 18 de agosto de 2012

Fervor local

      Habitualmente os presento epigrafía funeraria, pero hoy toca epigrafía votiva. Los monumentos votivos tienen la finalidad de "liberar" a un individuo de una promesa hecha a una divinidad: por ejemplo, un enfermo podía en su enfermedad prometer a un dios que si le ayudaba a curarse le dedicaría un monumento como exvoto u ofrenda, y si se cumplía la promesa el individuo se liberaba del compromiso contraído con el dios correspondiéndole con la dedicación de un monumento de agradecimiento. Los monumentos votivos presentan unas inscripciones características, en particular suele aparecer la fórmula VSLM (votum solvit libens merito = gustosamente cumplió con merecimiento su promesa).
    En esta fotografía tenéis un claro ejemplo de este tipo de monumento, también del museo de Burgos. Para empezar, se trata del soporte más habitual para este tipo de monumentos, un ara votiva. Son semejantes a las aras rituales que ya os expliqué (mirad la entrada del 7 de agosto), pero de tamaño más pequeño (los epigrafistas solemos llamarlas "arulas" para distinguirlas).
   La inscripción en latín dice: MATRIBUS ENDEITERIS FELIX PRISCAE, seguida de la fórmula votiva comentada líneas arriba. Es decir, está dedicada "a las madres Endeiteras": es frecuente encontrar en la Galia y en la mitad norte de Hispania exvotos relacionados con diosas veneradas como madres (quizá era una costumbre celta, desde luego prerromana) , que en cada localidad reciben un sobrenombre determinado. En Clunia (de donde procede este monumento) se debía venerar a estas madres con esta advocación (sólo en esta ciudad se ha registrado este culto). Esta práctica religiosa de veneración a grandes diosas madres debió de favorecer la aceptación de los hispanorromanos al cristianismo, en particular para asimilar fácilmente el culto a la Virgen María, a la que en España se la suele nombrar también con denominaciones locales (la Virgen del Camino, la Virgen del Pilar,..). Por tanto, estaríamos ante la adaptación de una costumbre pagana al cristianismo español.

   La dedicatoria la hace un hombre llamado simplemente FELIX, lo que nos asegura que se  trataba de un esclavo, cuyo nombre sólo comprende un elemento (a diferencia de los tria nomina de los ciudadanos libres). A los esclavos se les solía cambiar el nombre indígena por otro en latín: pero los nombres que les ponían tenían guasa...solían ir referidos a significados contrarios a la situación de los esclavos...es frecuente llamarle a un esclavo "felix", es decir, "feliz", cuando la situación real de los esclavos tenía muy poco de feliz... De este esclavo sólo se nos da un dato, el nombre de su propietaria, una mujer llamada "Prisca", nombre bastante común.

  Resumiendo, la traducción completa sería: "Félix, (esclavo) de Prisca, cumplió gustosamente con merecimiento su promesa (hecha) a las Madres Endeiteras".

  Y ahora un espacio para la imaginación, pues este monumento no nos da más datos: ¿qué promesa es la que este tal Félix, esclavo de Prisca, le hizo a las Madres Endeiteras? Siendo una promesa hecha a unas diosas madres, puedo imaginar que fuera una promesa quizá hecha para que su propietaria, que le trataba muy bien, se convirtiera también en madre...Prisca quedó embarazada, y Félix dedicó un monumento a las diosas que le habían ayudado en agradecimiento. Bueno, esto último me lo he inventado, pero un buen escritor desde aquí quizá podría desarrollar una novelita histórica...


sábado, 11 de agosto de 2012

Vidas anónimas


    Por más que los romanos se esforzaban por evitar la segunda muerte, la del olvido, el paso inexorable de los años y de los siglos demostró que todos sus esfuerzos por conseguirlo fueron inútiles. De las más de 300.000 inscripciones latinas que tenemos, no llega al 1% el de aquellas cuyos nombres asociamos a vidas de famosos romanos: la inmensa mayoría corresponden a ciudadanos anónimos, y en las propias lápidas solemos encontrar poco más que el nombre del difunto, lo cual tampoco ayuda a reconocer a alguien que quizá en vida pudo disfrutar de popularidad o de alguna clase de éxito social, o por haber hecho algo notable.
     La estela funeraria que os presenta hoy el epigrafista, perfectamente conservada, se asocia a una de esas miles de vidas anónimas que de algún modo construyeron la auténtica historia de la Hispania romana. También se encuentra en el Museo Arqueológico de Burgos. Es una estela completa, decorada en la parte superior con el símbolo astral de la rosa hexapétala, símbolo propio del paganismo romano.

    El cartel central presenta una inscripción hecha por un lapicida bastante descuidado (líneas torcidas, tamaño desigual de las letras,...), lo que indica probablemente que es una producción de un taller indígena. Sin embargo, la onomástica que encontramos es muy "romana": la difunta es una tal Cassia Flavia, hija de un hombre (quizá un liberto, dado que no aparecen los "tria nomina") llamado Cassius Flavius.
   El único dato que se aporta sobre la difunta es la edad a la que murió, 35 años. Hoy en día diríamos que murió joven, pero en el mundo antiguo esa edad estaba más o menos en la esperanza de vida media.
   A partir de aquí el monumento funerario no nos permite conocer más sobre esta mujer.

                                                                       Una vida anónima.

martes, 7 de agosto de 2012

Júpiter, el mejor y el más grande

   Aunque los romanos eran politeístas (el escritor Varrón llegó a nombrar ¡30.000 dioses romanos!), había uno al que consideraban el más grande: Júpiter. Es un dios de origen indoeuropeo: su nombre se formó sobre las palabras "Dyeus" (la misma raíz que en griego dio lugar al nombre "Zeus" y que en la misma lengua latina generó también la palabra "dies", el día, porque Dyeus en origen era el dios del día)y la palabra "pater", porque los romanos le veneraban como el padre de todos los dioses.  
   Así, "dyeus+pater" dio lugar a la palabra Iuppiter (Júpiter). En este caso vemos su nombre inscrito en un ara (altar de sacrificio). Las aras son bloques cuadrados de piedra que en la parte superior disponían de un pequeño hueco o platillo (como se aprecia en la fotografía de debajo) en el que un sacerdote depositaba o quemaba objetos asociados a los rituales de sacrificio en homenaje a los dioses.
Este altar está también en el Museo de Burgos.

Aquí aparece en dativo la fórmula típica un tanto "rimbombante"  de veneración a este dios:
IOVI OPTVMO MAXVMO:  a Júpiter, el mejor, el más grande.

miércoles, 18 de julio de 2012

Amor de madre


Otra estela funeraria del Museo Arqueológico Provincial de Burgos que me llamó la atención fue ésta que una mujer llamada simplemente Anna dedicó a su hija Albina, muerta a los 16 años de edad.
Prueba del dolor que debió de sentir esta mujer por la muerte temprana de su hija es que mandó que en la estela se añadiera años después la fórmula "et sibi" al final del texto.  
Cuando murió, Anna quiso que sus propios restos se colocaran junto a los huesos de su hija, y así al pie de la estela descansasen ambas protegidas por sus dioses manes, juntas para siempre.

domingo, 24 de junio de 2012

Un castellano viejo


   Son muchas las sorpresas que uno puede encontrarse en el magnífico Museo Arqueológico Provincial de Burgos. Entre ellas este cipo funerario en un estado de conservación excelente, procedente de la ciudad romana de Clunia (junto a Coruña del Conde, Burgos).
   Los cipos funerarios servían para honrar la memoria de personas especialmente queridas por sus familiares.
   El texto traducido sería: "A los dioses manes. Marco Valerio Paterno Vatrico y Valeria Titula a su hijo muy respetuoso Lucio Valerio Marciano, de la tribu Galeria, muerto a los 29 años".

  La tribu Galeria era un clan muy extendido en toda la "Provincia Tarraconensis", pero el apellido Vatrico sólo se ha encontrado en tumbas de la ciudad de Clunia, por lo que estamos hablando de una familia muy castellana...de hace casi 2000 años. Es además un apellido indígena, por lo que se trata probablemente de una familia asentada en esos lugares antes de la llegada de los romanos.


   Por alguna razón (que no me cuesta imaginar) los padres de este joven muerto en la flor de la vida decidieron dedicar a la memoria de su hijo este monumento funerario de cuatro caras.

  En las caras laterales hay una decoración de motivos vegetales muy típica del mundo funerario.
   En el reverso aparece un delfín, pues los padres consagraron el alma de su hijo al dios Neptuno, dios de los mares y de la corteza terrestre:


Por el estilo y el tipo de letras este monumento debió de construirse en el siglo II d.C.

viernes, 30 de marzo de 2012

Miles gloriosus (o el soldado fanfarrón)




Para bien o para mal, Roma se hizo grande por el poder de sus legiones. Y las legiones romanas estaban formadas por hombres orgullosos de pertenecer al ejército más fuerte del mundo. Hombres orgullosos, a veces engreídos, como el personaje de Pirgopolinices, el protagonista de la célebre comedia en la que Plauto retrató el arquetipo de esos soldados fanfarrones que debían abundar en el momento en el que él estrenó la obra, en los años finales de la segunda guerra púnica.
Pero sin esos fanfarrones quizá Roma no habría podido invertir el sentido de aquella guerra y tal vez hubiera caído en manos de Aníbal.
Imagino así a Sulpicio Placidino, el soldado hispano muerto a los 55 años para cuya tumba su liberto Sulpicio Mesor encargó esta barroca lápida cargada de símbolos militares, símbolos de los que quizá presumía en vida su patrono.

lunes, 6 de febrero de 2012

Un contubernio



Los esclavos también se morían: esta afirmación puede parecer estúpida, pero como casi todas las inscripciones que comenta el epigrafista son de ciudadanos libres no está de más decirlo.
Según las leyes romanas, los esclavos ni siquiera eran considerados personas, eran res,es decir, "objetos". Por ello sus relaciones sociales no tenían ningún reconocimiento legal. Ni siquiera podían casarse, aunque se les permitía tener una compañera a la que se le llamaba contubernal.
Esta unión "de hecho" entre esclavos se conocía entonces como un contubernium.
Lyda y Thaumasto fueron dos esclavos griegos de Asturica (Astorga, León)que estaban vinculados por un contubernio. Lyda había servido como esclava a un ciudadano libre de Astorga llamado Quinto Luso Saturnino, pero la muerte la sorprendió con tan sólo 28 años.
Thaumasto, desconsolado, dedicó esta placa de mármol a la memoria de su joven compañera. Quizá Thaumasto era esclavo del mismo ciudadano que Lyda y quizá con la ayuda de Saturnino costeó este monumento funerario.
Thaumasto y Lyda, por su nombres, eran esclavos de origen griego. Al menos Lyda conoció la muerte en las frías tierras al pie de la Cordillera Cantábrica, muy lejos de las cálidas tierras griegas que la habían visto nacer...

viernes, 3 de febrero de 2012

UNA INSCRIPCIÓN QUE DESPISTA


Uno de los edificios más impresionantes del mundo es el llamado Panteón de Roma. La cúpula de este templo mide unos 43 metros de diámetro y de altura tiene la misma medida, por lo que esa cúpula constituye una semiesfera perfecta. Hoy en día sigue siendo la cúpula de hormigón más grande del mundo (más incluso que la de la cercana Basílica de San Pedro).
La inscrición que aparece en la fachada del edificio es ésta:
M.AGRIPPA.L.F.COS.TERTIVM.FECIT: Marco Agrippa, hijo de Lucio, (lo) hizo en el tercero de sus consulados.
La inscripción alude al yerno de Augusto, Marco Vipsanio Agripa, y héroe de la gran batalla naval de Actium (31 a.C.), en la que la flota de Marco Antonio sufrió una derrota que dejó el terreno libre para que Augusto se hiciera con el mando único en Roma. Efectivamente existen noticias de que Agripa mandó construir un templo dedicado a la "divina" familia de los julios, en honor de su suegro, en el año 27 a.C.
Pero la inscripción es engañosa: sabemos que ese templo fue destruido por un incendio en el año 80 y por tanto lo que vemos hoy en día es la impresionante reconstrucción que mandó hacer el emperador Adriano hacia el año 125. Fue en esta reconstrucción en la que se realizó la admirable cúpula del edificio.
Así que la inscripción despista, pues es de lo poco que sobrevivió del primer edificio y puede hacernos pensar que el edificio que vemos actualmente es de finales del siglo I a.C. cuando en realidad es de comienzos del siglo II d.C. Al emperador Adriano no le gustaba llamar la atención y dejó la vieja inscripción de Agripa sin sustituirla por una nueva con su propio nombre. También en epigrafía las apariencias engañan.
El nombre de Panteón es relativamente moderno, porque ignoramos cómo se llamaba tras su reconstrucción. Parece que estaba dedicado a los cinco planetas visibles para los romanos más el Sol y la Luna, que estarían representados en las siete hornacinas que figuran en la base de la cúpula.
El día que me hice la foto que veis arriba estaban restaurando la fachada y la inscripción no podía leerse completa.
Sólo por ver este templo ya se justificaría una visita a Roma.

lunes, 23 de enero de 2012

De profesión: inspector del vuelo de las aves



En el pequeño museo local de Astorga (León), la antigua Asturica Augusta de los romanos, encontré esta estela funeraria en la que me llamó la atención la profesión del difunto: avium inspex, inspector del vuelo de las aves.
Los romanos tenían la creencia de que las aves, únicos animales situados entre el mundo de los hombres, la tierra, y el mundo de los dioses, el cielo, eran portadoras de mensajes secretos que los dioses enviaban a los hombres para informarles de su futuro. Como las aves no hablan, comunicaban sus mensajes a través de la forma de su vuelo.



Por eso se hacía necesaria la existencia de personas capaces de interpretar los mensajes que los dioses nos enviaban, personas que supieran "leer" en el vuelo de las aves la voluntad de los dioses...

La estela funeraria nos da otro curioso detalle: el adivino Lucio Valerio Aucto era tartamudo. Debía de resultar bastante cómico escuchar las predicciones de este personaje mientras tartamudeaba.

En todo caso, parece que para interpretar el vuelo de las aves no era requisito "tener facilidad de palabra".

viernes, 6 de enero de 2012

LA SEGUNDA MUERTE

Los romanos creían que los seres humanos moríamos no una, sino dos veces. Además de la muerte como ahora la entendemos, la muerte física, ellos decían que había una mors secunda, una segunda muerte, mucho más definitiva que la muerte física: era la muerte en el olvido, cuando ya no queda nadie vivo que se acuerde ni del nombre del difunto.
Esta segunda muerte era la que más temían los romanos. Para librarse de esta muerte la solución era grabar el nombre del difunto en el único material que parece soportar bien el paso del tiempo: la piedra. Pero eso no era suficiente: el propósito final era conseguir que alguna persona que pasase junto a la piedra grabada la leyera (evidentemente en voz alta: en el mundo antiguo sólo se leía en voz alta, la lectura en voz baja es algo relativamente moderno). Al leerla y pronunciar el nombre del muerto era como si lo "resucitase" y le mantuviera alejado de la segunda muerte.
Esta es la razón por la que los romanos colocaban a sus muertos en las vías de acceso de las ciudades, junto a los caminos (no en espacios cerrado, como los cementerios actuales). Lo hacían con la esperanza de que los caminantes se detuvieran a leer los nombres de los difuntos. Es curioso, pero antes de entrar en una ciudad romana esta costumbre te obligaba a pasar junto a sus muertos antes de comunicarte con sus habitantes vivos. También es la razón por la que los romanos no colocaban como nosotros las piedras sobre los cuerpos de los muertos, como hacemos actualmente, sino que las ponían en posición vertical detrás del muerto para facilitar la lectura al caminante.


El tipo de piedra o lápida más común es la estela funeraria, como la que veis en la foto: una piedra que tiene la parte superior en forma de semicírculo o triangular, conteniendo en esa parte símbolos astrales relacionados con la creencias religiosas romanas, como la rosa hexapétala (rosas de seis pétalos, a veces de ocho como en la de la imagen). Debajo, en el centro de un enorme rectángulo, se coloca el cartel con la inscripción con los datos del difunto. La parte inferior, fuera del cartel, quedaba oculta bajo la tierra, ya que era el soporte de la estela.
La que veis en la imagen se encuentra en los Museos Capitolinos de Roma. En la primera línea se lee la típica dedicación Dis Manibus que nos advierte de que estamos ante un espacio consagrado a los Dioses Manes.
Los dioses Manes eran una especie de ángeles de la guarda que acompañaban a las almas de los difuntos en su viaje al infierno y protegían también los restos físicos del difunto: al invocarlos, se está haciendo una advertencia al lector de que está ante un espacio sagrado y por tanto inviolable.
El difunto, en este caso llamado Lucio Nonio Marcial (los tres nombres lo identifican socialmente como un ciudadano libre), sirvió como soldado de la guardia imperial durante 22 años y 6 meses (la precisión con la que se refleja este dato nos hace pensar en lo orgulloso que debía de sentirse en vida con esta profesión) y que vivió en total 49 años.
Es curioso que a continuación vemos que la tumba la pagó una mujer llamada Nonia Fortunata, que se nos dice que era liberta (LIB) del difunto: es decir, que el difunto había sido su "patronus" (los esclavos podían ser liberados por sus dueños, y entonces el esclavo pasaba a ser liberto y su antiguo propietario se convertía en su patrono). Sin duda su nombre de esclava había sido Fortunata (qué ironía que una esclava se llamase "Afortunada", situación muy alejada de la realidad que vivían los esclavos), y cuando Lucio Nonio la manumitió le antepuso su "nomen" familiar, de ahí lo de Nonia. Se ve que Nonia debía de estarle muy agradecida a su patrono por haberla liberado, por lo que costeó la tumba de su patrono y añadió que su patrono bien se lo merecía.
Nonia sentía que tenía una deuda moral con su patrono, por lo que de esta forma intenta salvarle de la segunda muerte.

jueves, 5 de enero de 2012

S.P.Q.R.


Ya veis, se lleva uno a su hija a Roma para que conozca las grandes maravillas del pasado de esta ciudad, y lo que más le llama la atención es una tapa de alcantarilla de la Roma actual.
Eso sí, las palabras siguen siendo las que los romanos usaban antiguamente: S.P.Q.R., el Senado y el pueblo romano. En el pasado ese acrónimo era tan potente como pueden ser para nosotros hoy en día las siglas U.S.A., y venían a representar algo parecido: el símbolo que evoca la primera potencia mundial.
(En la foto podéis haceros una idea del tamaño si os fijáis en la bota de mi hija).

lunes, 2 de enero de 2012

Cartel del arco de Constantino (Foro de Roma, Italia)




Si en la entrada anterior os hablaba del arco de Tito, hoy toca otro muy próximo al Foro romano: el arco de Constantino. Desde el Coliseo, del que dista sólo unos metros (como podéis apreciar en la primera foto, en la que estoy apoyado en una ventana del Coliseo), junto a la Via Triumphalis que terminaba en el Foro, llegamos a este elegante arco de triunfo. Fijaos en la inscripción del cartel del arco:
IMP · CAES · FL · CONSTANTINO · MAXIMO · P · F · AVGUSTO · S · P · Q · R · QVOD · INSTINCTV · DIVINITATIS · MENTIS · MAGNITVDINE · CVM · EXERCITV · SVO · TAM · DE · TYRANNO · QVAM · DE · OMNI · EIVS · FACTIONE · VNO · TEMPORE · IVSTIS · REM-PVBLICAM · VLTVS · EST · ARMIS · ARCVM · TRIVMPHIS · INSIGNEM · DICAVIT
Al Emperador César Flavio Constantino, el más grande, pío y bendito Augusto: como él, inspirado por la divinidad, por la grandeza de su mente, con su ejército ha liberado el estado del tirano y de toda su banda al mismo tiempo, con justas armas, el Senado y el Pueblo de Roma le han dedicado este arco, decorado con triunfos.
.

El tirano al que hace referencia es el emperador Majencio, que fue derrotado por Constantino en la batalla del puente Milvio a principios del siglo IV, poniendo fin definitivamente a la tetrarquía que Diocleciano había creado apenas 20 años atrás. Antes de la batalla una leyenda cuenta que Constantino tuvo una visión en la que vio una gran cruz en el cielo y escuchó unas palabras: "in hoc signo vinces" (vencerás bajo este signo). Mandó colocar una cruz en los escudos de sus soldados y efectivamente derrotó a Majencio. De ser cierto, sería la primera vez en la historia en que los cristianos utilizaron la cruz como su símbolo, que curiosamente habría aparecido no como un símbolo de paz, sino de guerra(!). Ciertamente parece que el emperador Constantino simpatizaba con los cristianos, muy numerosos ya en esta época, aunque parece poco probable que él mismo se convirtiera al cristianismo (en el propio arco hay un relieve que lo representa celebrando un sacrificio ritual pagano: una "suovetaurilia", es decir, el sacrificio de un cerdo, una oveja y un buey, ritual típico del paganismo). De hecho el célebre Edicto de Milán del 313 lo que proclamó fue una libertad de culto en el Imperio, que indudablemente favoreció a los cristianos, pero el Imperio en sentido estricto siguió siendo pagano unos 80 años más: será el emperador Teodosio el que hará del cristianismo la religión oficial del Imperio.
Las palabras que aparecen en el arco que se traducen como "inspirado por la divinidad" se han querido ver como un guiño hacia los cristianos...pero somos más los que pensamos que se corresponden mejor con la deliberadamente ambigua política religiosa de los emperadores precristianos.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Cartel del arco de Tito (Foro de Roma, Italia)



































Para acceder al Foro Romano desde el Coliseo la entrada es el arco de Tito (aunque si queréis evitar colas, es mejor acceder al Foro desde los mercados de Trajano).
El arco de Tito, como podéis ver en la inscripción, fue dedicado por el Senado y el pueblo de Roma al "divino" emperador Tito, hijo del también "divino" emperador Vespasiano.
Conmemora la victoria de los romanos sobre los judíos, que se habían rebelado contra Roma aprovechando la confusión que siguió a la muerte de Nerón.
Los romanos sofocaron esta revuelta con contundencia, destruyendo el templo de Jerusalén (que ya nunca fue reconstruido, del cual sólo queda un muro, el famoso muro de las Lamentaciones).
En los relieves interiores del arco se aprecian escenas del saqueo del templo: observad cómo los soldados romanos sacan de su interior el gran candelabro de los judíos, símbolo de la religión judía. Muchos judíos decidieron abandonar Israel, asentándose por otros lugares del mundo antiguo: este acontecimiento tendrá graves consecuencias históricas, pues dio lugar a la gran diáspora judía, que durará hasta el final de la segunda guerra mundial con la creación del nuevo estado de Israel...¡menuda la que liaron Tito y Vespasiano!

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Pedestal de la columna de Marco Aurelio (Roma, Italia)



En Roma pude fotografiar la columna conmemorativa que el emperador Marco Aurelio dedicó a su padre, el también emperador Antonino Pío, en cuyo pedestal hay una inscripción que recuerda sus victorias sobre los armenios, los partos y los germanos.

Marco Aurelio es conocido por sus libros de pensamientos filosóficos, especialmente por un tratado conocido como Meditaciones, en donde desarrolla ideas diversas sobre la vida, en particular que no debemos preocuparnos de la muerte: "Mientras tú existes, la muerte no es, y cuando la muerte es, tú ya no existes". No lo tuvo fácil como emperador, y tuvo que defender el Imperio de los ataques de diversos pueblos bárbaros, en particular de los germanos: recordad el principio de la película "Gladiator", en donde aparece dirigiendo a los ejércitos de Roma en Germania junto al personaje ficticio del general Máximo.