"Epigrafista" es la persona aficionada o versada en epigrafía (y la epigrafía es la ciencia que estudia los textos escritos sobre materiales duros - piedra, metal).

La epigrafía nos pone en contacto con las ideas de nuestros antepasados sin intermediarios, sin manipulaciones. Los textos en papel, (que los estudia la paleografía), en cambio, de tanto copiarse suelen contaminarse con aportaciones de sus respectivos copistas.



Bienvenidos a mi mundo, al mundo de EL EPIGRAFISTA.

miércoles, 3 de julio de 2013

Iptuci: una ciudad romana en la sierra de Grazalema.

         Mis suegros son de un pueblo del sur de Sevilla que se llama Montellano. Allí mantienen una acogedora casa de dos pisos, y desde la azotea de la casa se contempla un buen panorama de la Sierra de Grazalema, ya en la provincia de Cádiz. En particular desde esa azotea se puede observar una silueta blanca que corresponde al pueblo de Prado del Rey, pueblo serrano y gaditano que visito con frecuencia. En el término municipal de Prado del Rey se conservan vestigios de la ciudad romana de Iptuci, una ciudad con más de 3.000 años de historia, ocupada ya por iberos, fenicios y cartagineses antes de que los romanos, atraídos por sus minas de sal, decidieran hacer de ella una notable ciudad, de la que se conservan algunos vestigios. Además de sus ruinas, son notables dos inscripciones romanas, ambas conservadas en Prado del Rey.
         La primera está en la misma oficina de turismo del pueblo, en cuya entrada lo primero que uno encuentra es la reproducción de una lorica segmentata, la famosa armadura articulada que usaron los romanos entre los siglos I a.C. y III d.C. (por cierto, producir esta armadura era muy caro, y los romanos dejaron de fabricar esta excelente armadura; lo cual fue un tremendo error, pues los pueblos bárbaros que rodeaban el imperio sacaron provecho de todo ello enfrentándose a unos legionarios peor armados...). 
       La fotografía que abre esta entrada es de esa armadura. Enfrente se encuentra una pieza muy interesante, una placa de bronce:



              Junto con su traducción:


                  
                   Es muy interesante la pieza, que nombra al Senatus populusque Iptuccitanorum, es decir, el senado y el pueblo de los de Iptuci (el nombre latino de la ciudad, que debe leerse con acentuación esdrújula, aparece en unas inscripciones como Iptucci y en otras con una sola "c"). Es un buen ejemplo de epigrafía jurídica que habla de un pacto de amistad entre los habitantes de la referida ciudad de Iptuci con otra ciudad romana (Colonia Ucubi Iulia, situada en la actual provincia de Córdoba) que ambas ciudades rubricaron con esta placa por la época de la muerte de Cristo.

                       En la misma oficina de turismo se exponen otras piezas halladas en los alrededores de Iptuci, que pude fotografiar bien gracias a la gentileza de la empleada de la oficina que me abrió las vitrinas para evitar que las fotos salieran con el reflejo de los cristales. Por ejemplo, esta falcata ibérica en muy buen estado de conservación:



                 La segunda inscripción está ubicada en un lugar mucho más original; se trata de un cipo funerario empotrado en la fachada de la  Iglesia mayor del pueblo:



´                     Aunque en las dos primeras líneas del texto de la lápida faltan algunas letras que dificultan la lectura, la interpretación general de este monumento funerario se aproximaría mucho a esta traducción:

                      "Fabia Fabiana, hija de Cayo, dispuso en su testamento que en lugar público se le erigiese una estatua. Así lo ha cumplido su hermano Fabio Montano, su heredero,  y ha dedicado la estatua en el lugar que le fue otorgado por el esplendidísimo ayuntamiento de Iptuci".

                     De la estatua que quizá coronaba este cipo que Fabio Montano dedicó a su hermana Fabia no queda nada. Es interesante la referencia que al final del texto se hace al ordo iptucitanorum, que sería algo así como el actual ayuntamiento de la ciudad de Iptuci. También la inscripción sugiere que la tal Fabia debió de ser una mujer importante y adinerada, para mandar que se le erigiese una estatua en algún lugar público de la ciudad y que el ayuntamiento considerase que dada su importancia o su poder económico tenía que dedicar un espacio público al monumento funerario que ella dispuso en su testamento.
               
                  Esto vuelve a sugerir, una vez más, que la situación  real de la mujer en la sociedad romana era muy diferente del nulo papel que tenía en las instituciones políticas: es decir, de iure las mujeres estaban sujetas a las decisiones de los varones, pero de facto gozaban de una amplia libertad de movimiento que les permitía, por ejemplo, disponer de bienes propios e importantes, y su influencia en la vida diaria de las calles de las ciudades romanas era mucho mayor de lo que imaginamos, a pesar de que los varones romanos no contasen con ellas para la política y para el ejército.

                   En Iptuci se emitieron también monedas romanas. En definitiva, debió de ser una ciudad romana notable a juzgar por estos testimonios y por sus restos arqueológicos. La ciudad siguió viva después de los romanos: los árabes construyeron una fortaleza que está frente al actual pueblo de Prado del Rey para defenderla de los cristianos. De esta fortaleza se conserva la torre del homenaje del castillo árabe que la coronaba, aunque en bastante mal estado:




                      Los lugareños la llaman la Torre Pajarete (al parecer el nombre guarda relación con un tipo de vino que se producía en estas tierras). Con el zoom de la cámara hice un plano en el que se ve su actual estado de abandono, con ganado pastando alrededor...




                     La historia de la ciudad de Iptuci no duró mucho después de ser tomada por los cristianos hacia el siglo XIII. Parece que la ciudad fue abandonada definitivamente a finales del siglo XV, y desde entonces sus muros y piedras han sido reutilizados, como es habitual, para construir nuevos edificios en los pueblos de los alrededores. 

                        (Dedico esta entrada a mi suegro, Gervasio Zamora Díaz, "montellanero" afincado en Madrid, que se encuentra mientras escribo hospitalizado, recuperándose de un "ictus").



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