En el pequeño museo local de Astorga (León), la antigua Asturica Augusta de los romanos, encontré esta estela funeraria en la que me llamó la atención la profesión del difunto: avium inspex, inspector del vuelo de las aves.
Los romanos tenían la creencia de que las aves, únicos animales situados entre el mundo de los hombres, la tierra, y el mundo de los dioses, el cielo, eran portadoras de mensajes secretos que los dioses enviaban a los hombres para informarles de su futuro. Como las aves no hablan, comunicaban sus mensajes a través de la forma de su vuelo.
Por eso se hacía necesaria la existencia de personas capaces de interpretar los mensajes que los dioses nos enviaban, personas que supieran "leer" en el vuelo de las aves la voluntad de los dioses...
La estela funeraria nos da otro curioso detalle: el adivino Lucio Valerio Aucto era tartamudo. Debía de resultar bastante cómico escuchar las predicciones de este personaje mientras tartamudeaba.
En todo caso, parece que para interpretar el vuelo de las aves no era requisito "tener facilidad de palabra".
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