"Epigrafista" es la persona aficionada o versada en epigrafía (y la epigrafía es la ciencia que estudia los textos escritos sobre materiales duros - piedra, metal).

La epigrafía nos pone en contacto con las ideas de nuestros antepasados sin intermediarios, sin manipulaciones. Los textos en papel, (que los estudia la paleografía), en cambio, de tanto copiarse suelen contaminarse con aportaciones de sus respectivos copistas.



Bienvenidos a mi mundo, al mundo de EL EPIGRAFISTA.

domingo, 1 de diciembre de 2013

La romanización de Hispania.


Esta semana he estado visitando en las Naves del Matadero en Madrid la interesante exposición sobre la Villa de los papiros de Herculano que se mantendrá hasta abril del 2014. Uno de los objetos que me llamó la atención fue una estela funeraria del siglo II d.C. hallada en Córdoba que fotografié (la foto es la que está en la parte superior de esta entrada).

El texto en latín dice: P(ublius) PUBLICIUS PROVINC(iae)  BAETIC(ae)  LIB(ertus) FORTUNATUS MARMORARIUS SIGNUARIUS VERNA URBICUS ANN(orum) LXXV.

La traducción que hago es ésta: "Publio Publicio Fortunato, liberto de la provincia Bética, marmolista especialista en relieves, (anteriormente) esclavo de la ciudad de Roma, de 75 años."

La intensa romanización del sur de Hispania, región a la que los romanos llamaban "Provincia Baetica" y que se corresponde grosso modo con la actual Andalucía, no cabe duda de que fue protagonizada en un primer momento por soldados romanos. Pero tras éstos vinieron hombres como nuestro protagonista de esta estela, Publio Publicio Fortunato, que fue un valioso esclavo público de la misma capital del imperio, Roma, pero que después, según nos dice la estela, consiguió ser manumitido y, ya como liberto, se estableció en Hispania, en la capital de la provincia Bética, Corduba (Córdoba).

Allí, en Córdoba, consiguió trabajo, pues debía ser un experto marmolista, es decir, sabía tallar bloques de mármol para hacer estatuas, placas, lápidas,.... Además, era un trabajador muy especializado, pues como revela el adjetivo signuarius era capaz de modelar o tallar signa (dibujos decorativos y bajorrelieves). Todo ello le debió de permitir llevar una vida desahogada en el sur de Hispania, y quizá no es casual que como nos revela la lápida tuviera una larga vida, pues murió con 75 años, doblando en edad la esperanza de vida media de los romanos.

Con este hombre, trabajador cualificado, longevo y probablemente feliz, quiero rendir un homenaje a esos miles de hombres anónimos que, como este marmolista, fueron convirtiendo el territorio de la península ibérica en una de la regiones más prósperas del mundo antiguo, integrando a nuestros antepasados bárbaros en la avanzada civilización romana, contagiándolos de sus artes y de su lengua, el latín.

Aprovecho también para recomendaros la lectura de la novela que ahora me estoy leyendo, titulada Sertorio, del magnífico escritor portugués Joao Aguiar, que ilustra también la nobleza de algunos romanos tratando a los indígenas hispanos (vaya, que no todos los romanos fueron gente cruel que entraba a sangre y fuego en nuestro país: afortunadamente, hubo hombres como Sertorio que facilitaron la romanización de Hispania).


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